La Guerra de Secesión norteamericana: una visión militar española

Lincoln en la Batalla de Antietam, Maryland, 2 de octubre de 1862. Fotografía de Alexander Gardner. © J. Paul Getty Trust.

Portada de un libro de fotografías de Alexander Gardner de la Guerra de Secesión norteamericana.

Imagen de la Artillería confederada, cerca de Charleston en 1861. Fotografía de George S. Cook. © Library of Congress.

¡La extraña velada transcurrida en el campo de batalla!
Cuando tú, hijo y camarada mío, caíste a mi lado, ese día,
No te dirigí más que una mirada a la que tus caros ojos
contestaron con otra mirada que no olvidaré jamás.

Una extraña velada transcurrida en el campo de batalla.
Walt Whitman: Poemas

La Guerra de Secesión, aun cuando no puede ser considerada como el primer conflicto bélico del que se tiene registro fotográfico, es calificada como la contienda militar mejor cubierta de la historia del siglo xix, mostrando toda la crudeza que la guerra implica, sin censura alguna.
El 15 de abril de 1861 Abraham Lincoln llama a filas a 75.000 soldados, con el fin de sofocar la rebelión iniciada por los estados confederados del sur. Un fotógrafo americano de origen irlandés, Mathew B. Brady, pide al presidente seguir a las tropas de la Unión durante el conflicto, que en un principio se prevé de corta duración. Brady, considerado como el padre del fotoperiodismo moderno, no fue el único fotógrafo que trabajó durante la contienda. Decenas de fotógrafos itinerantes, de forma individual o por encargo de los Gobiernos confederado y unionista, registraron imágenes de civiles y de soldados, en campamentos militares, o escenas de la vida cotidiana tanto civil como militar. Más de un millón de fotografías fueron tomadas por fotógrafos de la época, entre los que destacan en el bando unionista, además del ya citado Mathew B. Brady, otros que también trabajaron en un principio para él, como Alexander Gardner, cuyas fotografías fueron publicadas en una obra de dos volúmenes bajo el título Gardner´s Photographic Sketch Book of the War; George Barnard, Timothy O´Sullivan, Thomas C. Roche, James F. Gibson o Samuel Cooley, entre otros. Por el lado del ejército confederado, el más famoso de ellos fue George S. Cook.
Un fotógrafo y su ayudante acudían a la localización del conflicto acarreando un pesado equipo fotográfico, incluido un laboratorio de revelado y positivado donde generalmente el ayudante se encargaba de realizar la mezcla de productos químicos. El negativo se elaboraba a partir de una placa de metal (ferrotipo) o de cristal (ambrotipo), siendo el colodión húmedo el procedimiento más utilizado. El tiempo de exposición era de cinco a veinte segundos, por lo que no existen imágenes fotográficas de batallas «en curso»; estas fueron encargadas a dibujantes y grabadores. Winslow Homer fue uno de los muchos artistas que inmortalizaron escenas de batallas y de la vida de los soldados, por encargo de la revista Harper´s Weekly, muchas veces tomando como modelo fotografías.
Sin embargo, las imágenes fotográficas no fueron publicadas y difundidas en los periódicos y semanarios de la época que cubrieron la información de la guerra, debido a que las técnicas del momento no permitían su impresión con calidad. Sería a través de exposiciones como el gran público tuvo acceso a ellas.
Otras formas de difusión fueron la carte de visite,   y también las vistas al aire libre, mediante estereografías o fotografías tomadas con una cámara estereoscópica de lentes gemelas.

Visionando este conjunto de imágenes, nuestra mirada hace frente a los rostros de soldados de ambos lados de la contienda, siendo casi todos niños, que asoman desde el marco dorado de un daguerrotipo, o de personajes históricos como Lincoln ataviado con una chistera de mago, de ciudades o de campos de batalla. Este asombroso legado está conservado en archivos y bibliotecas, clasificado y digitalizado, a disposición de todos nosotros y a pesar de la belleza de las imágenes, la mirada de sus protagonistas nos enfrenta a la idea que tan bien expresó Susan Sontag en su ensayo Sobre la fotografía, que cualquiera que haya visto la guerra sabe que su representación poco tiene que ver con ella.